Pasó que el sábado último, un simpático (modo irónico on) perrito que tiene la costumbre de venir a deponer sus gracias (lease cagar) en mi domicilio, empezó a hacer un quilombo padre en mi patio delantero. A pesar de la reja y el tejido, el animal igual entró, y raudo y veloz (y con ganas de estrujar al perro, pero más a su dueño) eché al bicharraco de la casa. Pero hete aquí que cuando el odioso can se fue, me encontré con que había dejado el cuerpo de un gatito. Por suerte, estaba vivo, aunque un poco maltrecho y muerto de miedo…
Y aún en contra de mi voluntad (mentiiiiira!) tenemos nuevo integrante en la familia. A riesgo de parecer muy raro, estamos pareciendonos cada vez más (en casa) a la manada de “La Era del Hielo” (no, no soy Manny el Mamut. Todavía)
Eso conlleva que tengamos en un mismo lugar a la perrita de la casa, Tita y a la nueva integrante (es gata, no gatito). Hasta ahora van viento en popa, y anoche ya la bicha nueva durmió sobre la otra y se quieren mucho y larilalá. Aunque un cable de último momento, me notifica que la canina quiere mantener el privilegio de entrar más seguido que la otra. “Esa es un gato cualquiera” dicen que dijo entre gruñidos. Otra que “Bailando por un sueldo”. Ampliaremos.
Más de uno que haya pasado alguna vez por este blog, sabe que hace cerca de seis años, tengo la inefable dicha de pasar mucho tiempo viajando. En ese lapso, mi única compañía -medianamente agradable- es mi reproductor de MP3, cargado con música que me gusta. Hete aquí que en determinadas ocasiones abandono el oasis que me depara la música y me sumerjo en las planicies de la radiodifusión argentina. Un par de días atrás, haciendo acopio de valentía, me puse a escuchar radio. FM, en particular. Enganché la parte final de una charla de Diego “Chavo” Fucks y sus colaboradores, en Mega, a la mañanita y entre otras cosas, departían sobre los dibujos animados. El conductor de “Ojos bien abiertos” decía que los cartoons de esta época le parecían mejores, que cosas como Shrek, Madagascar, las películas de Pixar y demás (también metió a Piratas del Caribe, wtf?) eran una oferta muy buena para los pibes, a diferencia de lo que mirábamos durante nuestra infancia. Que en definitiva, en nuestra infancia mirábamos porquerías.
Me permito disentir con este muchacho. Reconozco, por ser un gran consumidor de animación de toda la vida (tengo testigos, lo juro!) que estoy terriblemente tentado a darle una tunda dialéctica a este muchacho, pero prefiero rebatir con pruebas (que bueno que estoy, vieron?) sus dichos.
Creo que en general, las cosas se reducen al gusto de cada uno. No me parece mal que al pibe este le gusten los dibujos de ahora. De hecho, a mí me gusta mucho del material actual. Tengo 37 y a diferencia de otros indivuos de mi generación, no reniego de los cartoons de hoy. No reduzco mi cerebro a decir a boca de jarro “no, los dibujitos de ahora son basura, llenos de violencia”. Seguro que Tom y Jerry se tiraban flores durante sus persecuciones y el Correcaminos no hacía una gala enorme de sadismo cada vez que se burlaba del estúpido Coyote. Y recuerdo, también, que siendo chico, se les recriminaba eso a dichos personajes, desde revistas dedicadas a nuestros padres (la Viva no inventó la estupidez, sepánlo). Del mismo modo, no sostengo que los dibujitos viejos sean una porquería. Si hiciera una cosa así, revelaría, como mínimo, que el alemán me impide recordar mi infancia.
Cabe aclarar que mucho del cine animado actual (lo mejor, creo) abreva en una larga tradición, donde muchos de los creativos actuales han sido espectadores de esos buenos cortos antiguos. Cualquier cosa de Pixar (por citar un ejemplo) puede compararse con los cortos clásicos de la Warner, especialmente los del maestro Charles “Chuck” Jones. Muchos de esos episodios tenían un humor lleno de gags altamente efectivos, diálogos memorables, expresiones de los personajes que lo decían todo y algunos hasta prescindían de la palabra y eran perfectamente entendibles. Decir que de mi más lejana infancia los cortos de la Pantera Rosa, Tom y Jerry y los Looney Tunes se cansaron de llenar mis mañanas y mis tardes y distaban de ser algo malo. Me entretenían muy bien y aún siendo un tipo grande, soy capaz de disfrutarlos plenamente.
Y me remitiré a las pruebas, ya basta de cháchara. Vean sino el siguiente corto, protagonizado por Tom y Jerry:
William Hanna y Joseph Barbera se clavan un capítulo con música de Liszt, combinando música y humor a partes iguales. Pertenece a la primera tanda de dibujos del gato y el ratón, producidos por Hanna-Barbera, sobre un total de 114 episodios. Este se titula “The Cat Concerto” y es de 1947.
El segundo, es de la Pantera Rosa:
En el mismo, la Pantera quiere participar como violinista, tocando su tema característico. Lo que no cuenta es que la orquesta local está a punto de ejecutar la Quinta Sinfonía de Beethoven y su mahumorado director no va a tolerar interrupciones de ningún tipo. De más está decir que este pobre cristo las va a pasar negras con el felino rosado. Este episodio pertenece a los primeros capítulos originales de la Pantera y es de 1966. Solían pasarse en cine y después se adaptaron para ser emitidos en la pantalla chica. Son, en su mayoría, los mejores. A posteriori, se produjeron cortos exclusivamente para la TV, con resultados…no tan buenos.
El tercero, con Bugs Bunny y Elmer Fudd, dandole a la ópera:
Aquí, la clásica persecución de Elmer sobre Bugs se sonvierte en una sátira a las obras de Wagner, con Elmer como Sigfried (héroe de Der Ring des Nibelungen) y el cretino del conejo, metido a Brunilda. La última frase “Bueno, ¿qué esperaban de una ópera? ¿un final feliz?”, es una síntesis de todo el cartoon. Este corto es de 1957, y fue votado como uno de los mejores 50 cartoons de todos los tiempos, situandose en el puesto #1. Y fue dirigido por Chuck Jones (hago reverencias). Sepanlo.
Ahora bien, ¿a ustedes les parecen una porquería los dibujos que mirabamos de chicos?
Oh Dios! Cuatro meses! Será posible que haya estado tan vago, maldita sea! Lo reconozco, no tenia ni medio de ganas de escribir. Y me ha durado un buen tiempo las no-ganas. Pero que mejor que volver con una ensaladita para dar inicio a esta sexta temporada (van seis años! Al margen, no suena tipo serie de TV eso de “sexta temporada”?). Así es que actualicemos la situación actual/personal de quien suscribe:
- En mayo de 2010 me agarró el berretín de practicar artes marciales. traten de contener sus carcajadas imaginando a quien esto escribe intentando una actividad física luego de una larga cantidad de años de no mover un músculo. Busqué kung fu y terminé con el Sanda. Reconozco que me gustó, ya soy cinturón amarillo y no sufro cuando me tocan compañeros que -fácil- tienen diez años menos que yo, más velocidad, técnica, juventud y seguro se echaron tres antes de venir a entrenar.
Sí, a estos muchachos los conozco…
- Siguiendo con la cabalgata deportiva Gillette, a finales de 2010 me reencontré con varios ex-compañeros de atletismo (Sí, solía ser bastante deportista). Eso reavivó cierto entusiasmo y me entraron ganas de retomar, aunque más no sea para competir una vez a fin de año y darme el gusto. Aunque me está costando un poco, por los horarios.
No, no soy ninguno de esos. Ni en sueños
- Y hablando de horarios, todavía sigo trabajando en el tujes del universo (Max, de Claypole a Ituzaingó) con lo que eso conlleva. O sea, “divertidas” anécdotas sobre el transporte público nacional y un lanzallamas. Hola, Pedraza!
Miren! Una lata de sardinas portuguesa!
- He visto varias y variadas películas, que, como ha sido costumbre desde el año pasado, seguirán apareciendo las correspondientes críticas en Films de semana; blog del que sigo siendo partícipe, hasta que se aviven y me echen de una buena vez.
Me gustaba esta imagen, aunque no tiene nada que ver
- Y desde hace un mes tengo compu en casa, así es que no tengo excusa para no escribir, ni para no aprender a manejar photoshop de una perra vez. Eso sí, internet, bien gracias. No se puede todo viejo…