Más de uno que haya pasado alguna vez por este blog, sabe que hace cerca de seis años, tengo la inefable dicha de pasar mucho tiempo viajando. En ese lapso, mi única compañía -medianamente agradable- es mi reproductor de MP3, cargado con música que me gusta. Hete aquí que en determinadas ocasiones abandono el oasis que me depara la música y me sumerjo en las planicies de la radiodifusión argentina. Un par de días atrás, haciendo acopio de valentía, me puse a escuchar radio. FM, en particular. Enganché la parte final de una charla de Diego “Chavo” Fucks y sus colaboradores, en Mega, a la mañanita y entre otras cosas, departían sobre los dibujos animados. El conductor de “Ojos bien abiertos” decía que los cartoons de esta época le parecían mejores, que cosas como Shrek, Madagascar, las películas de Pixar y demás (también metió a Piratas del Caribe, wtf?) eran una oferta muy buena para los pibes, a diferencia de lo que mirábamos durante nuestra infancia. Que en definitiva, en nuestra infancia mirábamos porquerías.
Me permito disentir con este muchacho. Reconozco, por ser un gran consumidor de animación de toda la vida (tengo testigos, lo juro!) que estoy terriblemente tentado a darle una tunda dialéctica a este muchacho, pero prefiero rebatir con pruebas (que bueno que estoy, vieron?) sus dichos.
Creo que en general, las cosas se reducen al gusto de cada uno. No me parece mal que al pibe este le gusten los dibujos de ahora. De hecho, a mí me gusta mucho del material actual. Tengo 37 y a diferencia de otros indivuos de mi generación, no reniego de los cartoons de hoy. No reduzco mi cerebro a decir a boca de jarro “no, los dibujitos de ahora son basura, llenos de violencia”. Seguro que Tom y Jerry se tiraban flores durante sus persecuciones y el Correcaminos no hacía una gala enorme de sadismo cada vez que se burlaba del estúpido Coyote. Y recuerdo, también, que siendo chico, se les recriminaba eso a dichos personajes, desde revistas dedicadas a nuestros padres (la Viva no inventó la estupidez, sepánlo). Del mismo modo, no sostengo que los dibujitos viejos sean una porquería. Si hiciera una cosa así, revelaría, como mínimo, que el alemán me impide recordar mi infancia.
Cabe aclarar que mucho del cine animado actual (lo mejor, creo) abreva en una larga tradición, donde muchos de los creativos actuales han sido espectadores de esos buenos cortos antiguos. Cualquier cosa de Pixar (por citar un ejemplo) puede compararse con los cortos clásicos de la Warner, especialmente los del maestro Charles “Chuck” Jones. Muchos de esos episodios tenían un humor lleno de gags altamente efectivos, diálogos memorables, expresiones de los personajes que lo decían todo y algunos hasta prescindían de la palabra y eran perfectamente entendibles. Decir que de mi más lejana infancia los cortos de la Pantera Rosa, Tom y Jerry y los Looney Tunes se cansaron de llenar mis mañanas y mis tardes y distaban de ser algo malo. Me entretenían muy bien y aún siendo un tipo grande, soy capaz de disfrutarlos plenamente.
Y me remitiré a las pruebas, ya basta de cháchara. Vean sino el siguiente corto, protagonizado por Tom y Jerry:
William Hanna y Joseph Barbera se clavan un capítulo con música de Liszt, combinando música y humor a partes iguales. Pertenece a la primera tanda de dibujos del gato y el ratón, producidos por Hanna-Barbera, sobre un total de 114 episodios. Este se titula “The Cat Concerto” y es de 1947.
El segundo, es de la Pantera Rosa:
En el mismo, la Pantera quiere participar como violinista, tocando su tema característico. Lo que no cuenta es que la orquesta local está a punto de ejecutar la Quinta Sinfonía de Beethoven y su mahumorado director no va a tolerar interrupciones de ningún tipo. De más está decir que este pobre cristo las va a pasar negras con el felino rosado. Este episodio pertenece a los primeros capítulos originales de la Pantera y es de 1966. Solían pasarse en cine y después se adaptaron para ser emitidos en la pantalla chica. Son, en su mayoría, los mejores. A posteriori, se produjeron cortos exclusivamente para la TV, con resultados…no tan buenos.
El tercero, con Bugs Bunny y Elmer Fudd, dandole a la ópera:
Aquí, la clásica persecución de Elmer sobre Bugs se sonvierte en una sátira a las obras de Wagner, con Elmer como Sigfried (héroe de Der Ring des Nibelungen) y el cretino del conejo, metido a Brunilda. La última frase “Bueno, ¿qué esperaban de una ópera? ¿un final feliz?”, es una síntesis de todo el cartoon. Este corto es de 1957, y fue votado como uno de los mejores 50 cartoons de todos los tiempos, situandose en el puesto #1. Y fue dirigido por Chuck Jones (hago reverencias). Sepanlo.
Ahora bien, ¿a ustedes les parecen una porquería los dibujos que mirabamos de chicos?



Yo también disiento con ese so-called periodista y creo que los dibujos que veíamos antes NO eran porquerías. De hecho, aunque me gusten las cosas de ahora y las consuma, nada podrá jamás igualar un buen capítulo de He-Man o un episodio de Meteoro.
Los que dicen esas cosas ciertamente no tuvieron infancia. Y además son unos sexópatas: sólo prefieren los dibujos de ahora porque muchos vienen cargados de doble sentido ajajaja
Bella: Creo que con el tema de si los dibujos de ahora son mejores que los de antes, yo digo, que, tiempo al tiempo. Muchos de los que ahora son pibes van a hacer prevalecer en el tiempo a las cosas que valgan la penan con el transacurrir de los años, al igual que nosotros hemos convertido a estos viejos dibujos en clásicos. Hay que esperar, ya que hay cosas que están muy buenas, muy divertidas hoy día, pero hay que ver como perduran.
En cuanto al “so-called” periodista, bueno…no es santo de mi devoción, pero me agarró medio buenito. Más me vale tomar mi tecito de baba de Alien y volver al modo bersek, je.