Pasó que el sábado último, un simpático (modo irónico on) perrito que tiene la costumbre de venir a deponer sus gracias (lease cagar) en mi domicilio, empezó a hacer un quilombo padre en mi patio delantero. A pesar de la reja y el tejido, el animal igual entró, y raudo y veloz (y con ganas de estrujar al perro, pero más a su dueño) eché al bicharraco de la casa. Pero hete aquí que cuando el odioso can se fue, me encontré con que había dejado el cuerpo de un gatito. Por suerte, estaba vivo, aunque un poco maltrecho y muerto de miedo…
Y aún en contra de mi voluntad (mentiiiiira!) tenemos nuevo integrante en la familia. A riesgo de parecer muy raro, estamos pareciendonos cada vez más (en casa) a la manada de “La Era del Hielo” (no, no soy Manny el Mamut. Todavía)
Eso conlleva que tengamos en un mismo lugar a la perrita de la casa, Tita y a la nueva integrante (es gata, no gatito). Hasta ahora van viento en popa, y anoche ya la bicha nueva durmió sobre la otra y se quieren mucho y larilalá. Aunque un cable de último momento, me notifica que la canina quiere mantener el privilegio de entrar más seguido que la otra. “Esa es un gato cualquiera” dicen que dijo entre gruñidos. Otra que “Bailando por un sueldo”. Ampliaremos.
PD: La gatita se llama Selena.




Me gusta el nombre de la nueva integrante de la family, y me recuerda un poco al modo en que una amiga encontró al nuevo integrante de su familia, llamado Darcy. Ojalá se lleven bien y lo de Bailando por un sueldo quede confinado al otro lado del televisor.
¡Beso!
Ahhh, pero qué ternura!
*___*