Decía Lisa Simpson en uno de los tantos capítulos de las primeras temporadas –gloriosas- de The Simpsons, que crisis significa oportunidad.
A veces uno se topa con momentos donde se pregunta a donde va, si el lugar elegido sigue siendo el mismo que cuando uno arrancó y si en el camino uno no se perdió, se extravió como una versión medio idiota y siome de Hansel y Gretel y sigue andando y andando sólo porque tiene que andar, porque sí, y ya no me acuerdo para que hacía lo que hacía y así ad infinitum, hasta que logras repostar, reflexionar y en síntesis, no sabés ya para que ibas adonde ibas. Entonces te comés un sacudón, un soplamoco en medio de la trompa, que te para el envión con el que venías y tenés que (obligado) ponerte a pensar. A reflexionar. Caés en la cuenta que no entendés porque te pasó lo que te pasó, y entre todas esas cosas, caés –también- en que perdiste tu objetivo. Mirás dentro tuyo y hay un montón de cosas que postergaste u oportunidades que no te diste. Reveés errores. Pensás. Parás la moto. Y te encontrás.
Y ahí, tranquilo, pensás, porque antes sabías que sólo reflexiona sobre esto el que puede, el que logra hacerse un tiempito para pensarlo, porque la mayoría de las veces nos la pasamos trabajando, estudiando, moviendonos, tratando de (sobre)vivir en una civilización que nos demora y nos devora, nos traga como una anaconda y nos regurgita sobre el piso, porque no hay nadie que nos trague.
Ya te pegaste el palo y sólo queda levantarte. Ante un momento de crisis, llorás, protestás y gimoteas, pero en algún momento tenés que cortarla y seguir. Porque no se acabó el mundo. Sólo lo que se daba.
Como dice un programa de radio, parás el mundo un minuto. Pero ¿a que viene toda está sanata reflexiva? A que no hay que esperar los trompicones, los golpazos, las cosas terribles para darse cuenta. Hay que ir reflexionando antes que pase, aunque sea difícil.
Saber ver las cosas antes que pasen, tratar de anticiparse. Ver las causas, aprender y no echar culpas. Claro, habrá veces que no podremos evitarlo. Y hacés como hace Homero Simpson cuando sale a buscar laburo, soportás los portazos. O como dice sabiamente Robert “Rocky” Balboa:
¿Vieron? Al final se puede parar, aunque más no sea, un par de minutos el mundo. Ahora, a seguir corriendo tranquilo.
















