febrero 2005


Lo observo al otro lado de la calle. Llueve torrencialmente, y él sabe que vencerá.
Lo observo otra vez, a través de mis anteojos oscuros. La ropa me pesa, de tan mojada que está. Corro hacia él y sólo deseo golpearlo. El hace lo mismo. Nos encontramos en el medio de la calle y de la lluvia. Empezamos a golpearnos como dos salvajes. Le doy un puñetazo terrible y lo lanzo hacia el otro lado. Me devuelve el golpe y yo acabo estrellándome contra el pavimento. Me duelen todos los huesos. Me toma por un brazo y me lanza al aire. Seguimos golpeándonos. Uno de sus puños me alcanza y me hundo en la tierra, dejando un hoyo, un cráter gigantesco. Se ríe silenciosamente. Ahora a carcajadas. Me quedo desvanecido y derrotado.

Ganó el Windows 95.

PD: No tengo PC propia y la de mi laburo es una reliquia de tiempos inmemoriales. Que Bill Gates se apiade de mí. Amén

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Normalmente, viviría quejándome de todo. Normalmente. He descubierto que soy, la mayor parte de las veces, un poco marciano. Alguien en el laburo se río de este comentario y reafirmó lo antes mencionado. Soy un marciano. No tiene nada de malo querer ser diferente. Pero claro, si querer ser diferente implica hacer cosas no que no hace la mayoría (y odiarlas fervientemente).
Soy un hombre, pero odio el fútbol, los autos, las tertulias donde nos burlamos repetidamente de las mujeres por lo bobas que son (tan tontas como para fijarse en nosotros? Hmmm) y esas cosas apenas son nimiedades… Tratar de ser un poco más honesto que el promedio y que me importe algo de lo que me rodea… causa gracia y bonitas frases seminegativas (cuando no totalmente).
Todo eso me está jodiendo, pero más saber que me estoy quedando un poco solito y con miedo de explicarle a mi hijo que ser así como soy es lo que creo que es correcto. Como lo haría cualquier padre. Pero no sé. ¿Cómo decirle que no se rinda, cuando es tan difícil pelear?

(Dedicado a Fabio Alberti)

Buenas tardes queridos hermanos. ¿Cómo os sentais hoy, treinta y siete de februero, día en que se conmemora la novena salida en falso a Mar del Tuyú del mártir Peperino Pómoro? Tal vez recordemos cuando nuestro mártir se dirigió a la multitud congregada frente a la montaña. Les dijo: girad hacia mí y dejad de mirar esa roca, tarambanas.
Los observó y fue increpado por uno de los miembros del clero. “Peperino” dijole “¿es cierto que repartes preservativos entre tus discípulos?” . A lo que le fue contestado que sí. Entonces, el sacerdote le ató una piedra al cuello, lo tomó y lo lanzó al río. Luego de ser rescatado por sus apóstoles, Tomé, Libé y Soudergüins, Peperino le reclamó diciendo: “Sos un zarpado, man”. Este prelado respondiole: “No te quise tirar a propósito, me sacaron de contexto”. ¿Que hemos aprendido, de ello, queridos hermanos peperianales? Pues que a veces nos conviene ser cautos con lo que decimos, no vaya a ser que después tengas que recular con tus declaraciones. Ahora oremos. Gloria, Gloria. Gloria Estefan. Gloria Gaynor. Divina, divina Gloria. PD: ¡Chán!

Empieza mi fin de semana. Estoy mejor de animo que al empezar la fuckin semana. Pero hete aquí (Alcoyana Alcoyana) que no tengo ganas de nada. Estaba atrasado con la escucha de música, pero hoy la Rock&Pop se apiadó de mí y me enchufó un combito con Ozzy, Metallica, Iron Maiden y AC/DC más el plus de Riff (San Pedro zapando con Pappo). Y sí, soy un viejo metalero. Voy a jugar con mi peque y con mi pitufina (juegos de seducción; puedo ser tu mayordomo).
Me estoy poniendo con los años como Nicolas Cage en “Hombre de familia”. Me falta ir a comprarle la bocina a la bici de mi bichito canasto. Esas cosas son lo bueno de la vida, diría algún viejito. El único riesgo es ser como Homero. Cuidadito. Ojito, ojete.

Hace unos años atrás, tuve la oportunidad de entrevistar para un trabajo de la Facultad al periodista Reynaldo Sietecase. En ese momento y a posteriori, ese reportaje me abrió los ojos. Para esa época había (como ahora) perdido un poco las esperanzas de poder ver algo escrito por mí. Eso genera insatisfacción, rabia y un poco de tristeza. Hay días donde eso pasa desapercibido y otros donde es intolerable.
La cuestión es que este tipo habló de todo, de cómo había empezado, de cómo toda su vida le había gustado escribir. De cómo, a pesar de todo, de laburar de cualquier cosa, el siempre tuvo el deseo de ser escritor. Que él seguía escribiendo, aunque fuera imprentero o cajero de banco. Decía que ese deseo nunca desapareció, que se preocupó porque ese anhelo no se esfumara.
Es como decía Damián Szifrón, si sos verdulero y querés ser escritor, a la noche o en cualquier momento tenés que escribir, sino te consumís. Soy un empleado administrativo, pero muero por escribir.
Este lugar nació por eso. La primera vez no sabía que poner. Tenía tantas cosas en el balero que no salió ninguna. Es como ser el jugador estrella de la selección, y en la final del mundo errarle a la pelota y mandarla a la tribuna. “Siempre fui menos que mi reputación” decía el Indio Solari. Y durante un tiempo largo (demasiado largo) me convencí de ese afán derrotista. La gente (a veces y cuando quiere) cambia. Recuerdo que siempre dije (digo) que no voy a morirme sin laburar aunque más no sea un minuto de periodista o escribiendo un libro o lo que sea. Y remato mi frase con “como Nelson Castro, que es respetado a los cincuenta años”. No es malo pensar eso. Lo que es realmente malo es resignarse a que eso sea anhelo siempre.
Vivir de sueños es hermoso, pero mejor y más satisfactorio es realizarlos. Claro, es más difícil que quedarse delirando en el mundo de Morfeo. Pero los finales felices no nacen solos. Hay que buscarlos, pelearla. ¿O acaso creemos que los protagonistas de historias con finales copados lo hicieron de una? También hay que tener en cuenta ciertas variables. No podés dejar tu trabajo gris y aburrido (tenés que comer, nene) y tu familia (no vivís solo, ¿sabías?)… Ahora que lo pienso, mientras escribo estas líneas, la solución está al alcance de la mano: en vez de ser obstáculos, el laburo aburrido y gris será el que financie tus actividades y mis seres queridos serán la inspiración que me guíe. Creo que así las cosas pueden salir bien y habrá esperanzas de cumplir con cualquier sueño que uno se proponga. Y como diría el gran Andy Dufresne (vean “Sueño de libertad”) “La esperanza es una cosa buena, y las cosas buenas no mueren jamás”.

PD: Mientras escribía esto, mi computadora se colgó tres veces en la parte final del texto. Si eso no es una puta señal, me cacho en las señales!!

No importa estar muy bien o muy mal. A pesar de mis esfuerzos por intentar sentirme bien no doy más. Estoy físicamente hecho bolsa, y para colmo de males, mi caretita se me sale a pedazos. En mi trabajo son bastante detestables casi todos. Hace un año que estoy acá, y lo peor es que les vendí la figurita de que soy una ovejita sumisa. Error. Estoy tan filtrado, que hacer teatro me sale bastante mal. Hoy mandé a freír churros a un par, y se me quedaron viendo. No sé en que momento me convertí en el Dr.Banner, pero ya estoy aburrido. Quiero escribir, vivir de lo que escribo, pero me voy en amagues. Y realmente odio mi trabajo. Lo detesto.

Hace algún tiempo atrás, leí que a ciertas personas les era más fácil escribir cuando eran inspiradas por situaciones traumáticas. Me permito disentir con eso. A veces salen cosas muy interesantes de ciertos estados de crisis. También salen bóñigas imposibles de leer. Pero cuando uno está feliz, no salen cosas menos sublimes, sino diferentes. Tal vez es la idiosincracia de cada uno (algunas veces suele ser para la gente en general y algunos en particular) el encontrar placer en las derrotas y las miserias de la vida. En mi caso, no estoy en un período de excelencia, pero visto a la luz de ciertos hechos, gozo de una situación más que buena. Bueno, convengamos que laburo como un burro, veo pocas horas a mi mujer y a mi hijo, hay días que mi mal genio domina y los que estoy bien mi esposa se duerme y no podemos hablar y justo mi pibe se pone denso (destruyendo el oasis de paz y amor que reina en mi alma) y bla bla bla (medio larga la lista) Pero si me quedo con lo malo,parecería que mi vida es un infierno y haría que cualquier soltero que lea esto se alistase en la legión extranjera…y además sería injusto…hay una banda de cosas buenas y maravillosas. Que tu hijo te extrañe y te pida upa todo el tiempo (les aseguro que mi espalda jamás se queja). Que mi esposa se quedé mirándome mientras me empiezo a dormir (con cara de novia embobada). Que mi viejo me hable como si fuera adulto (¡esto es reconfortante!¡No soy un niño!¡Quiero a mi mamá!). Acostarme último y mirar a toda mi familia descansando. Cocinar para mi esposa y mi hijo. Jugar con el enano haciendo las payasadas más estúpidas (más morisquetas por minuto que Jim Carrey). La lista es larga y realmente, no se dé que diablos me quejo. Tal vez es hora de escribir más sobre lo feliz que está uno y no quejarme por tonterías. Y es todo lo que tengo que decir sobre eso. (Al menos hoy)

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