Me mira enojado. Termina de discutir con ella y está tirado en la cama. Hablo con él y trato de calmarlo. Está muy molesto. No siempre es fácil aceptar que las cosas no son como uno quiere.
Yo mismo sé que es muy difícil.
En todos estos años no he logrado hacer todo lo que quise. De hecho, lo conseguido no tiene valor si todavía falta algo. La eterna insatisfacción humana… la satisfacción de una necesidad genera otra. Me cacho en la filosofía.
Se da vuelta sobre el lecho un par de veces más. A medida que hablo logro que se calme. Tiene los ojos llorosos, pero está apaciguado. Se sienta y me mira, entre confuso y apenado por toda la situación. Me habla. Bueno, ya está, le digo, ya pasó. No tenés motivo para enojarte tanto. Vení, vamos, es hora de cenar.
Me tiende sus brazos y lo levanto. Mi hijo se ha quedado tranquilo. Se ríe un poco. El enojo no está más.
No, si vos sabés.

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