Hace algún tiempo atrás, leí que a ciertas personas les era más fácil escribir cuando eran inspiradas por situaciones traumáticas. Me permito disentir con eso. A veces salen cosas muy interesantes de ciertos estados de crisis. También salen bóñigas imposibles de leer. Pero cuando uno está feliz, no salen cosas menos sublimes, sino diferentes. Tal vez es la idiosincracia de cada uno (algunas veces suele ser para la gente en general y algunos en particular) el encontrar placer en las derrotas y las miserias de la vida. En mi caso, no estoy en un período de excelencia, pero visto a la luz de ciertos hechos, gozo de una situación más que buena. Bueno, convengamos que laburo como un burro, veo pocas horas a mi mujer y a mi hijo, hay días que mi mal genio domina y los que estoy bien mi esposa se duerme y no podemos hablar y justo mi pibe se pone denso (destruyendo el oasis de paz y amor que reina en mi alma) y bla bla bla (medio larga la lista) Pero si me quedo con lo malo,parecería que mi vida es un infierno y haría que cualquier soltero que lea esto se alistase en la legión extranjera…y además sería injusto…hay una banda de cosas buenas y maravillosas. Que tu hijo te extrañe y te pida upa todo el tiempo (les aseguro que mi espalda jamás se queja). Que mi esposa se quedé mirándome mientras me empiezo a dormir (con cara de novia embobada). Que mi viejo me hable como si fuera adulto (¡esto es reconfortante!¡No soy un niño!¡Quiero a mi mamá!). Acostarme último y mirar a toda mi familia descansando. Cocinar para mi esposa y mi hijo. Jugar con el enano haciendo las payasadas más estúpidas (más morisquetas por minuto que Jim Carrey). La lista es larga y realmente, no se dé que diablos me quejo. Tal vez es hora de escribir más sobre lo feliz que está uno y no quejarme por tonterías. Y es todo lo que tengo que decir sobre eso. (Al menos hoy)

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