Hace unos años atrás, tuve la oportunidad de entrevistar para un trabajo de la Facultad al periodista Reynaldo Sietecase. En ese momento y a posteriori, ese reportaje me abrió los ojos. Para esa época había (como ahora) perdido un poco las esperanzas de poder ver algo escrito por mí. Eso genera insatisfacción, rabia y un poco de tristeza. Hay días donde eso pasa desapercibido y otros donde es intolerable.
La cuestión es que este tipo habló de todo, de cómo había empezado, de cómo toda su vida le había gustado escribir. De cómo, a pesar de todo, de laburar de cualquier cosa, el siempre tuvo el deseo de ser escritor. Que él seguía escribiendo, aunque fuera imprentero o cajero de banco. Decía que ese deseo nunca desapareció, que se preocupó porque ese anhelo no se esfumara.
Es como decía Damián Szifrón, si sos verdulero y querés ser escritor, a la noche o en cualquier momento tenés que escribir, sino te consumís. Soy un empleado administrativo, pero muero por escribir.
Este lugar nació por eso. La primera vez no sabía que poner. Tenía tantas cosas en el balero que no salió ninguna. Es como ser el jugador estrella de la selección, y en la final del mundo errarle a la pelota y mandarla a la tribuna. “Siempre fui menos que mi reputación” decía el Indio Solari. Y durante un tiempo largo (demasiado largo) me convencí de ese afán derrotista. La gente (a veces y cuando quiere) cambia. Recuerdo que siempre dije (digo) que no voy a morirme sin laburar aunque más no sea un minuto de periodista o escribiendo un libro o lo que sea. Y remato mi frase con “como Nelson Castro, que es respetado a los cincuenta años”. No es malo pensar eso. Lo que es realmente malo es resignarse a que eso sea anhelo siempre.
Vivir de sueños es hermoso, pero mejor y más satisfactorio es realizarlos. Claro, es más difícil que quedarse delirando en el mundo de Morfeo. Pero los finales felices no nacen solos. Hay que buscarlos, pelearla. ¿O acaso creemos que los protagonistas de historias con finales copados lo hicieron de una? También hay que tener en cuenta ciertas variables. No podés dejar tu trabajo gris y aburrido (tenés que comer, nene) y tu familia (no vivís solo, ¿sabías?)… Ahora que lo pienso, mientras escribo estas líneas, la solución está al alcance de la mano: en vez de ser obstáculos, el laburo aburrido y gris será el que financie tus actividades y mis seres queridos serán la inspiración que me guíe. Creo que así las cosas pueden salir bien y habrá esperanzas de cumplir con cualquier sueño que uno se proponga. Y como diría el gran Andy Dufresne (vean “Sueño de libertad”) “La esperanza es una cosa buena, y las cosas buenas no mueren jamás”.

PD: Mientras escribía esto, mi computadora se colgó tres veces en la parte final del texto. Si eso no es una puta señal, me cacho en las señales!!

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