Soy una de las personas que tiene la (buena o mala) suerte de salir de vacaciones en Marzo. Sí, ya sé, algún caído del catre me va a decir que hay gente que no tuvo/tiene/tendrá vacaciones nunca. No me puedo ir a ningún lugar turístico por una cuestión monetaria (estoy inviertiendo en mi hogar). Entonces, pintó Punta Terra(za) y Valle Patio.
Pero hay cosas lindas en ello. La ceremonia de desconectar el maldito celular (el busca-esclavo) que por lo general sólo suena para traerme problemas (llegó a sonar a las tres y media de la mañana por trabajo). Olvidarme de algunos de mis superiores (manga de indolentes, los peores jefes que tuve hasta la fecha; fachos y forros).
Y un montón de propósitos bonitos para esta semana vacacional: ponerme a dibujar, visitar amigos lejanos, compartir más tiempo con mi flia, escuchar música a todo volumen, recorrer librerías y disquerías, dar largos paseos por el barrio y aledaños parquizados, salir a correr, dormir hasta tarde…
Eso no tiene precio. Para todo lo demás…no tengo tarjeta.

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