Hoy venía huyendo de la lluvia y una amable señora con paraguas me tiró al piso. La dama, que se hallaba bajo un techito de una tienda, giró imprevistamente y en mi afán de esquivarla, me fui de espaldas al suelo. Ahora bien, ¿para qué cuernos tenía el paraguas abierto, si estaba a cubierto de la lluvia, pedazo de mamerta?
Lo bueno es que entré al ranking de la gracia de Podeti, en el puesto Nº 27.
¡Qué consuelo!

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