Luego de salir de clase de dibujo, el flaco se fue de Devoto a Avellaneda. Tenía que ver a una amiga y compañera de la facultad. No quería quedarse hasta muy tarde, pero esa es una cuestión que no iba a poder cumplir. El viaje de vuelta a Calzada era largo, aunque el 271 lo dejara en la estación.
En todo caso, esa era la menor de sus preocupaciones. Ese fin de semana lo operaban al viejo. Si todo salía bien, en unos meses estaría como nuevo. Si la cosa iba mal…no podía evitar que sus pensamientos fueran al peor escenario posible. Con el cáncer no se jodía y que encima te comiera el hígado, la vesícula, que se ramificara, que te quitará kilos en pocos días, que acabara con toda esperanza…no, no tenía que pensar en eso.
Se había hecho tarde nomás. Mientras regresaba, a eso de la una, cayó en la cuenta que lo mejor que podía hacer era tomarse un coche. Lo apenaba gastarse casi veinte mangos en el viaje. La guita en su bolsillo no pasaba de cincuenta pesos. En el trabajo, le pagaban a los premios. Lo que tenía era lo único que le habían dado, a modo de anticipo. Su hermana tenía un ingreso menor, pero al menos eran puntuales con el pago. El único con un ingreso digno era su hermano menor, que puntualmente mandaba plata desde Mendoza, adonde había tenido que ir a trabajar. Había sido su única opción y dadas las circunstancias, lo más indicado. Entre los tres zafaban bastante bien con todos los gastos. Deudas varias y una persona enferma, la misma que solía ser el sostén de la familia, no hacía las cosas más fáciles…
Abocado en esos pensamientos estaba, cuando lo vio. Un colectivo de la 271, justo frente a él ¡se ahorraría el dinero del remise!
La alegría no le iba a durar demasiado. A dos cuadras de su casa, contento porque había evitado el gasto…un ladrón se llevó su campera y el reloj. Resignado, se alejó, tratando de contener la bronca. Suerte para él. El caco no lo había revisado y por lo tanto, no se llevó los cincuenta pesos. Sólo deseaba llegar al hogar y haría lo posible por olvidar ese mal momento y… ¡Las llaves! ¡Quedaron en la campera! ¡La única copia! Rabioso, tuvo que pagar al cerrajero por abrir y colocar una nueva cerradura…en total…cuarenta pesos.
Mamá se quedaría todo el fin de semana con papá. El domingo, él y su hermana se contaban sus respectivos quilombos. Todavía tenía el gusto amargo del robo y las consecuencias de este. Por suerte (¡qué suerte!) ella tenía algo de dinero…le pidió que le ayude a darle de comer a los gatos y al perro. “Te vas a distraer, vení, dale”, le dijo. Aceptó. Le dieron de comer a todos. Inclusive a un gato negro que siempre venía, aunque no era de la casa. Era de esos típicos gatos vagos y atorrantes. Tal vez un poco arisco.
El flaco lo observó y notó que tenía la cara lastimada. “Vamos a curarlo” sugirió ella. Mientras la chica traía un desinfectante, él sujeto al animal…
Por supuesto que al gato poca gracia le hizo la situación. Empezó a maullar. A gruñir. A retorcerse. Ella se asustó. “Dale, ponele el remedio, apurate”, suplicó él. Y fue en ese instante, que su hermana dudó, que el felino mordió la mano del flaco. Un dolor como de aguja le recorrió el brazo…lo soportó lo mejor que pudo. El gato…no lo podía soltar…vagabundo…sin vacunas…veterinario…duele…duele mucho.
Intentó meterlo en la casa. Pero el bicho mordió más fuerte y con más rabia sobre la herida y el dolor se agudizó. Lo soltó. Mientras el gato huía de ahí, la furia se hizo presente. Enloquecido, totalmente fuera de sí, el flaco pateó cuanto elemento se cruzó a su paso. Insultó, carajeó y maldijo. Por el ladrón, por la guita, la maldita cerradura, el forro del jefe que no pagaba, el gato pulguiento, maldita sea la hora que se le ocurrió agarrarlo, por la enfermedad del viejo, cáncer de mierda…tanta bronca…tanto enojo acumulado…
Se resbaló y cayó. Lloraba. Mucho. No, no era justo. ¿Acaso la vida es siempre justa? Tirado, su perro le lamía el rostro. No importaba que el futuro le deparase un final feliz a esa tormenta.
Su hermana lo ayudó a levantarse. Tendría que curarse la mano lastimada. Para las otras heridas…ya habría tiempo.

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