He estado viendo en varios blogs que hay gente que se fue, se irá o quiere irse de viaje. Por un lado es…me genera un poquito de envidia. Será porque, de alguna manera, la mayor parte de la gente se queda anclada a todo. Me gustaría…ir a tantos lados…
Cuando pensaba en estas cuestiones, recordaba una vieja película de vaqueros, en la cual el protagonista era James Garner (el de Maverick). No recordaba el título, pero la historia era más o menos así…
El típico muchachito llega al típico pueblo del Lejano Oeste, como si de un ave de paso se tratara. Es un joven aventurero, que dice y asegura, estar viajando hacia Australia. Pero en ese pueblito no tienen sheriff, y por los avatares de la historia, él se convierte en el representante de la ley y obviamente, se queda. Al final, no viaja ni conoce Australia…se queda allí y se casa con la hija del alcalde.
Lo que me causaba gracia y a la vez, me hacía reflexionar es que, no importa cuan lejos nos podamos mover -físicamente-, de alguna manera estamos buscando un lugar donde posarnos, un sitio donde quedarnos. Eso será, creo, lo que hace que nos movamos de un lado para otro, ese espíritu migrador. De todos modos…el viaje más largo o mejor dicho, más intenso, que hacemos… es el de nuestra propia vida.

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