Fabulitas


La tarde se hacía más oscura, con esas lindas ganas de ser noche. No sé si hay algo para mí -pensó, mientras caminaba- y la lluvia finita y el aire fresco le contestaron. Cuanto frío. Parece que se vino el invierno nomás. Debería haber salido con el discman -le vino la idea a la mente- Paradise Lost como fondo estaría bárbaro. O Katatonia. Pensar que hay gente que se deprime con The Cure. Eso se le ocurrió al toque, con un dejo de desprecio. “One second” los Paradise es lo más apropiado. Los días se hacen más largos en la espera y más cortos en los hechos. “Estas cuasi reflexiones me están cansando” -se dijo- “y lo peor” – se agregó- “es que no tengo de que quejarme…”

Se volvió a casa. No tenía paraguas y había que preparar la cena. Se sonrío y se fue caminando despacito.

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Hakunamatata significa sin problemas. Es el lugar al que a nombrado de esta manera Timón, donde pasa sus días en la buena compañía de Simba y Pumbaa…pero en este momento se haya solo pues ellos lo han dejado…y es ahí donde aparece el babuino ante él…

Babuino: ¡Jajaja!
Timón: ¡No! ¡Tu otra vez! No digas nada…ya sé lo que vas a decir…(imitandolo) ¿Has encontrado Hakunamatata? -Pues sí, ¡gracias por tu interés! Estoy feliz, feliz, loco de contento… (con voz de mono) Y si estás tan contento…¿por qué es que pareces tan abatido? -¿Abatido, dices? Será acaso porque mis dos mejores amigos me han abandonado…se han ido en no sé que heroica misión…(se queda en silencio, se tapa el rostro) mis amigos…se han ido…y mi Hakunamatata…se ha ido con ellos…(mirando al mono, mientras se señala la cabeza) ¿Te importaría?

El babuino le pega con su bastón en la cabeza…

Timón: ¡Aaaayyy! Gracias, ha sido un placer tener esta conversación.

Luego de salir de clase de dibujo, el flaco se fue de Devoto a Avellaneda. Tenía que ver a una amiga y compañera de la facultad. No quería quedarse hasta muy tarde, pero esa es una cuestión que no iba a poder cumplir. El viaje de vuelta a Calzada era largo, aunque el 271 lo dejara en la estación.
En todo caso, esa era la menor de sus preocupaciones. Ese fin de semana lo operaban al viejo. Si todo salía bien, en unos meses estaría como nuevo. Si la cosa iba mal…no podía evitar que sus pensamientos fueran al peor escenario posible. Con el cáncer no se jodía y que encima te comiera el hígado, la vesícula, que se ramificara, que te quitará kilos en pocos días, que acabara con toda esperanza…no, no tenía que pensar en eso.
Se había hecho tarde nomás. Mientras regresaba, a eso de la una, cayó en la cuenta que lo mejor que podía hacer era tomarse un coche. Lo apenaba gastarse casi veinte mangos en el viaje. La guita en su bolsillo no pasaba de cincuenta pesos. En el trabajo, le pagaban a los premios. Lo que tenía era lo único que le habían dado, a modo de anticipo. Su hermana tenía un ingreso menor, pero al menos eran puntuales con el pago. El único con un ingreso digno era su hermano menor, que puntualmente mandaba plata desde Mendoza, adonde había tenido que ir a trabajar. Había sido su única opción y dadas las circunstancias, lo más indicado. Entre los tres zafaban bastante bien con todos los gastos. Deudas varias y una persona enferma, la misma que solía ser el sostén de la familia, no hacía las cosas más fáciles…
Abocado en esos pensamientos estaba, cuando lo vio. Un colectivo de la 271, justo frente a él ¡se ahorraría el dinero del remise!
La alegría no le iba a durar demasiado. A dos cuadras de su casa, contento porque había evitado el gasto…un ladrón se llevó su campera y el reloj. Resignado, se alejó, tratando de contener la bronca. Suerte para él. El caco no lo había revisado y por lo tanto, no se llevó los cincuenta pesos. Sólo deseaba llegar al hogar y haría lo posible por olvidar ese mal momento y… ¡Las llaves! ¡Quedaron en la campera! ¡La única copia! Rabioso, tuvo que pagar al cerrajero por abrir y colocar una nueva cerradura…en total…cuarenta pesos.
Mamá se quedaría todo el fin de semana con papá. El domingo, él y su hermana se contaban sus respectivos quilombos. Todavía tenía el gusto amargo del robo y las consecuencias de este. Por suerte (¡qué suerte!) ella tenía algo de dinero…le pidió que le ayude a darle de comer a los gatos y al perro. “Te vas a distraer, vení, dale”, le dijo. Aceptó. Le dieron de comer a todos. Inclusive a un gato negro que siempre venía, aunque no era de la casa. Era de esos típicos gatos vagos y atorrantes. Tal vez un poco arisco.
El flaco lo observó y notó que tenía la cara lastimada. “Vamos a curarlo” sugirió ella. Mientras la chica traía un desinfectante, él sujeto al animal…
Por supuesto que al gato poca gracia le hizo la situación. Empezó a maullar. A gruñir. A retorcerse. Ella se asustó. “Dale, ponele el remedio, apurate”, suplicó él. Y fue en ese instante, que su hermana dudó, que el felino mordió la mano del flaco. Un dolor como de aguja le recorrió el brazo…lo soportó lo mejor que pudo. El gato…no lo podía soltar…vagabundo…sin vacunas…veterinario…duele…duele mucho.
Intentó meterlo en la casa. Pero el bicho mordió más fuerte y con más rabia sobre la herida y el dolor se agudizó. Lo soltó. Mientras el gato huía de ahí, la furia se hizo presente. Enloquecido, totalmente fuera de sí, el flaco pateó cuanto elemento se cruzó a su paso. Insultó, carajeó y maldijo. Por el ladrón, por la guita, la maldita cerradura, el forro del jefe que no pagaba, el gato pulguiento, maldita sea la hora que se le ocurrió agarrarlo, por la enfermedad del viejo, cáncer de mierda…tanta bronca…tanto enojo acumulado…
Se resbaló y cayó. Lloraba. Mucho. No, no era justo. ¿Acaso la vida es siempre justa? Tirado, su perro le lamía el rostro. No importaba que el futuro le deparase un final feliz a esa tormenta.
Su hermana lo ayudó a levantarse. Tendría que curarse la mano lastimada. Para las otras heridas…ya habría tiempo.

-Eso, eso…
-No es un bicho, acostate, dale.
-Eso.
-Es un agujerito en la pared, te lo dije mil veces.
-Eso.
-No pongás excusas, acostate.

Un pucherito y mira enojado. Maldito fruncir de ceño, genético tenía que ser. Mi maldita cara de malo en él.

-Está bien, te voy a contar un cuento y me voy a quedar hasta que te duermas.

Había una vez un perrito muy chiquitito. Era así porque era un cachorrito. Tenía las orejas y las patitas grandotas, pues cuando son cachorros parecen de ese modo, lo que los hace más chistosos. Él se la pasaba correteando todo el día. Cuando llegaba la noche, si un perro da vueltas para dormir, este daba varias más. Era un problema que se fuera a dormir. Vivía en la misma casa que un chico. Este chico era el hijo único de una pareja que trabajaba todo el día. A él tampoco le gustaba irse a dormir. Quería que los juegos se prolongaran todo el día, que no terminaran nunca. Pero…siempre hay un pero…el pibe se iba a descansar sólo si lo acompañaba su perro. Este dormía en una canasta a los pies de la cama del pequeño. Al perro tampoco le costaba dormirse, siempre que lo tuviera cerca al muchacho. Y pasaron los años, el chico se hizo hombre y el cachorro creció. Un buen día, el que fue niño se fue a vivir con su mujer y su hijo y dejó al perro. Pero él siempre lo esperaba cuando venía a visitarlo…

-…
-Se durmió.

Pensaba en Nano, mi perro. Lo dejé en casa de mis viejos. Ahí se murió. Y no estuve… Se me hizo un nudo en la garganta. Me puse triste. Y pedí:

-Por favor, cuidá a mi hijo. Dale.

Y me acosté. Y Nanito se quedó con el bebulito, jugando en sueños.

El siguiente relato está basado en hechos reales…

Día 1:
X, un empleado de oficina, llega de sus vacaciones. Es lunes y su semana pinta tranquila, lo que él aún no sabe, es que el infierno no va a estar encantador…

X: Buen día jefe, disculpe, pero mi PC no tiene conectada la placa de red.
Jefe: No te preocupes, ahora viene a conectarla el técnico…me querés decir porque te hiciste el boludo y no me dijiste que te ibas de vacaciones. Había un montón de trabajo…
X: (poniendo cara de tujes)¿Disculpá…?
Jefe: Más vale que tengas todo al día, sino voy a tener que prescindir de tus servicios…
X: (piensa)…”prescindir” ¿Te leíste un diccionario, burro hachedepé?

Si él (el obrero) se relaciona con su actividad como una actividad no libre, se está relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las órdenes, la compulsión y el yugo de otro.

Día 2:
X ha dormido pésimo. Sumado a los restos injustificados de su jefe (quien sabía que él se iba de vacaciones desde hacía un mes atrás, sin contar la cartelera con las fechas al lado de su escritorio), le han puesto un aviso para buscarle reemplazante…

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce a sí mismo y al trabajador como mercancía.

Día 3:
Gritos del jefe de X. No le han pagado por el retraso de su trabajo. Lo vapulea por elevación, mientras habla con su superior inmediato, justo al lado de él (cabe aclarar que durante las vacaciones de su superior, X lo reemplazó, retrasando sus propias tareas. El otro lo retribuyó de manera justa: ni lo defiendió, ni completó aunque sea una parte de las tareas de X).

El que avisa no es traidor…¡Traición, canario!

Día 4:
Todos se ausentan de la oficina y X se clava hasta las siete y media de la tarde. Ante un problema ajeno a él, X es retado – vía telefónica- por su jefe, ya que él es único imbécil que tiene el celular prendido. Luego de hora y media de gritos y carajeadas, X se descarga a patadas con una silla vieja…

Hombre sabio es aquel que cuando no logra hacer justicia, rompe todo hasta sacarse la leche (Confucio)

Día 5:
El jefe habla con X y le pide por favor que ponga todo al día. Le dice que él es único que puede lograrlo…X se compromete en sacar el laburo adelante, inclusive trabajar el fin de semana.

Neo: Ahí vienen los agentes, Morfeo…
Morfeo: Debes pelear con ellos, eres el elegido.
Neo: Pero…no me pusieron los programas de ninjitsu y todo eso, grone.
Morfeo: Ehhh…Adiós…¡Baboso!

Fin De Semana Salvaje:
X trabaja todo el fin de semana. El último día (domingo) llueve y se empapa por la mañana. Por la tarde no, pero un bondi le tira agua de un charco, siendo el único salame mojado de la parada…

El trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí…

Moraleja: El que no pin, se deja

Lo observo al otro lado de la calle. Llueve torrencialmente, y él sabe que vencerá.
Lo observo otra vez, a través de mis anteojos oscuros. La ropa me pesa, de tan mojada que está. Corro hacia él y sólo deseo golpearlo. El hace lo mismo. Nos encontramos en el medio de la calle y de la lluvia. Empezamos a golpearnos como dos salvajes. Le doy un puñetazo terrible y lo lanzo hacia el otro lado. Me devuelve el golpe y yo acabo estrellándome contra el pavimento. Me duelen todos los huesos. Me toma por un brazo y me lanza al aire. Seguimos golpeándonos. Uno de sus puños me alcanza y me hundo en la tierra, dejando un hoyo, un cráter gigantesco. Se ríe silenciosamente. Ahora a carcajadas. Me quedo desvanecido y derrotado.

Ganó el Windows 95.

PD: No tengo PC propia y la de mi laburo es una reliquia de tiempos inmemoriales. Que Bill Gates se apiade de mí. Amén

Me mira enojado. Termina de discutir con ella y está tirado en la cama. Hablo con él y trato de calmarlo. Está muy molesto. No siempre es fácil aceptar que las cosas no son como uno quiere.
Yo mismo sé que es muy difícil.
En todos estos años no he logrado hacer todo lo que quise. De hecho, lo conseguido no tiene valor si todavía falta algo. La eterna insatisfacción humana… la satisfacción de una necesidad genera otra. Me cacho en la filosofía.
Se da vuelta sobre el lecho un par de veces más. A medida que hablo logro que se calme. Tiene los ojos llorosos, pero está apaciguado. Se sienta y me mira, entre confuso y apenado por toda la situación. Me habla. Bueno, ya está, le digo, ya pasó. No tenés motivo para enojarte tanto. Vení, vamos, es hora de cenar.
Me tiende sus brazos y lo levanto. Mi hijo se ha quedado tranquilo. Se ríe un poco. El enojo no está más.
No, si vos sabés.