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La miro entera, sin enteder. De niño solía maravillarme y disfrutar con cada vuelta. Y aunque no es la misma de mi infancia, esta tal vez se parezca, igual que todas. La calesita del barrio, de la plaza vieja y sin mejorar, en la que estoy ahora, es una antigüedad. Tal vez al dueño no le importa esta reliquia. Sólo es su fuente de ingresos. Por eso será, supongo, que hay herrumbre en todos sus remaches, sus cochecitos están a medio pintar, se descascaran los dibujos sin gracia de viejos ídolos infantiles, hay falta de luces, hay un color deslucido en su apariencia…es sólo una vieja calesita, nada más.
Y sin embargo, ahí están todos los pibes, jugando. Les parece, aún, algo divertido. No importa nada más. Aunque no haya más luz y la “cale” se quede inmóvil, para los chicos seguirá siendo un motivo más para jugar. Para que el día no termine. Para rezongarle a los papás y las mamás que “una vuelta más, má” es posible. La tristeza de volver a la vida normal. De que la parte mágica de un día lleno de juegos se quede ahí, dormida en la plaza…
Creo que la calesita de mi niñez era igual a esta, vieja y herrumbrada. Pero que importa. En algún rincón viejo y alegre de mi memoria sigue siendo el lugar más bello donde pasar la tarde. Con mis hermanos. Com mis papás. Con otros chicos. Siendo eso…sólo un chico.

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(Sonido de radio sintonizandose – MMMDDFGRTZZZ – Se escucha la voz de Majul)

Hoy en nuestro país ha pasado algo…terrible. Mi blog, un espacio de opinión como el que podés tener vos, ha sido hackeado. Según mis informantes, un grupo desconocido, que intentan desestabilizar este sistema democrático, está operando en la clandestinidad…buscando destruir las opiniones de nuestra gente. Yo, un ciudadano como cualquiera te digo: tené miedo, tené mucho miedo. Y quisiera saber que está haciendo el señor presidente, si está tomando medidas en el asunto. Pero yo te digo de nuevo: tené miedo, tené mucho miedo.

(Vuelve a escucharse el sonido del dial corriendose de frecuencia. Se escucha la música de Crónica TV. Empieza a hablar el locutor de Radio Colonia)

¡Informa Radio Coloniaaaa!!! Buenos Aires. Un grupo terrorista a puesto en jaque todo el sistema informático del país. “Blogeros al poder”, tal el nombre de dicha agrupación ya han tomado el site del periodista Luis Majul. La consigna de los hackers es “Dejá de escribir Luisito. Ponete a laburar. Ladri”. En estos momentos una manifestación multitudinaria de más de dos personas están dirigiendose a Plaza de Mayo, para pronunciarse a favor del reportero agredido. Hay más informaciones para este boletín!!!!

(Se apaga bruscamente la radio. Se oyen risas)

Habia una vez un circo
Que alegraba siempre el corazón…

Había una vez un joven payaso, que todas las noches hacía reír a todo su público con sus monerías y chistes. Todos se preguntaban por el secreto don que le permitía siempre tener ideas frescas y divertidas. En realidad, no había ningún secreto. El payaso vivía muy feliz y contento con su vida y a diferencia de otros como él, su máscara no escondía ninguna tristeza.
Todas las noches, al terminar la última función, él se iba a su carromato a escribir todas las ideas para el día siguiente. Era su pasión repartir su alegría, sus creaciones, su risa. Tenía muchos seguidores. El futuro era próspero y promisorio.
Pero –siempre hay un pero- el tiempo fue pasando… El payaso fue perdiendo su chispa. Él era consciente de ello, más que nadie. Sus actos ya no eran tan divertidos. Como todo artista, lo veía en la reacción del público. De hecho, las cosas se le empezaron a ir de las manos. Cada nueva función era un fiasco mayor.
Su humor se había empezado a teñir de un amargo sarcasmo. Sus chistes eran de una virulencia que lastimaba. La gente empezó a rechazarlo. Él se volvió un ogro, un verdadero ogro. Si veía desaprobación para con alguna parte de su acto, se ponía a discutir y a gritarle a los espectadores.
El viejo dueño, que lo conocía desde que era un niño, le llamó la atención. Le preguntó cuál era su problema. No recibió respuesta alguna. El payaso se fue dando un portazo. Cuando estuvo solo se dio cuenta que el problema no estaba en que los demás no lo entendieran. Él era incapaz de entenderse.
Esa noche se fue del circo.
En esos años, conoció a una mujer y tuvieron un hijo. El pequeño era vivaz y travieso. Pero nuestro payaso, aunque al principio era feliz, se dejó aplastar por la rutina y volvió a ser un gruñón, quejoso y malhumorado.
Un día, mientras miraba unas fotos viejas, se dio cuenta lo mucho que extrañaba el circo. Decidió volver. Pero era difícil. No encontraba la inspiración para ello. Entonces, se puso a buscar su maquillaje y su disfraz. Los buscó por toda la casa y no podía encontrarlos. Hasta que unos ruidos lo guiaron hasta la habitación de su hijo. Lo encontró vestido con su traje y pintado como un pequeño payaso.
Miles de cosas le vinieron a su mente. Quiso enojarse. Enseguida se acordó de cuando él era un niño. Las fotos viejas de sus cumpleaños. De sus visitas al zoo. De su infancia. En todas reía. Ahí estaba la inspiración que buscaba. En la inocencia, en el juego. En recordar las cosas buenas del pasado y a la vez poder dejarlas atrás para buscar algo nuevo. Eso era lo que lo hacía ser tan creativo, a pesar de lo difícil que era tener ideas nuevas. Ahí, en el medio de la habitación estaba su inspiración. Su hijo. Su amor, que le había dado a ese pequeño. Su nueva familia.
Sonrío. No se enojó. Sabía que nada volvería a ser como antes, pero no por ello lo nuevo debería ser malo. Sólo diferente. Volvió a sonreír. Se dio cuenta que estaba llorando. Miró nuevamente a su hijo.
-Payasito- dijo.
Y lo abrazó.

Cuando era pibe una de las cosas que más molestaba eran las burlas. Tal vez sería porque yo era objeto de ellas por ser un chico un tanto tímido. Hay tipos que tienen la tipología del que puede ser burlado y hay otros que tienen el tipo de burladores (burlones).
A medida que crecía, fui zafando de las mofas de mis congéneres, pero esa repulsión hacia las bromas pesadas quedó y se afianzó. Normalmente los bromistas buscan el defecto físico, tratan de ponerte el rótulo más hiriente que encuentran para joderte. Porque ellos no se ríen con vos, se ríen de ti.
Y ahora, que ya pertenezco al mundo de los adultos, sigo viéndolos en acción.
La gente para estos tipos no tiene nombre y apellido. Es “el gordo ese”, “el puto de allá”, “callate, negro de mierda”… y siguen las firmas.
Muchos de ellos están llenos de motivos para ser objeto de burla. Pero estos tíos siempre tienen la prerrogativa sobre la burla. Es como decía Homero Simpson “burlate del diferente”.
Esto viene a cuento sobre cierta funcionaria del gobierno estadounidense, quien acusa al personaje Bob Esponja de “apología de la homosexualidad”. Obviamente, en todos los medios (especialmente los argentinos, que parecen que no tienen otra cosa que hacer… ¡busquen corruptos!) se la pasan hablando de ello, tan livianamente como pueden. ¡Acaso no se dan cuenta que en realidad todo tiene que ver con discriminar! No se pueden dar cuenta que a los censores, objetores y demás, que protestan tanto, lo único que les importa es joder. ¿O creen que a ellos les interesa el bienestar de los niños? Claro, porque estos conservadores creen que ser gay es una enfermedad contagiosa, que se te va a pegar como la gripe y de seguro van a buscarle una cura.
Pero lo que más me enoja es que los burlones están en los medios y siguen tan densos como siempre. En una FM de Argentina convocaban a la gente para preguntarle cual personaje de dibujos animados les parecía gay, todo con burlitas y soniditos y risas divertidas de los locutores, que remedaban a las “locas”. Lo más triste es que todos los oyentes se prendieron tratando de sacar del placard a todos los cartoons que pudieran. 
Ya que son tan vivos, soporten burlas ustedes, burladores. Lo que es yo, no me estoy riendo.