El siguiente relato está basado en hechos reales…

Día 1:
X, un empleado de oficina, llega de sus vacaciones. Es lunes y su semana pinta tranquila, lo que él aún no sabe, es que el infierno no va a estar encantador…

X: Buen día jefe, disculpe, pero mi PC no tiene conectada la placa de red.
Jefe: No te preocupes, ahora viene a conectarla el técnico…me querés decir porque te hiciste el boludo y no me dijiste que te ibas de vacaciones. Había un montón de trabajo…
X: (poniendo cara de tujes)¿Disculpá…?
Jefe: Más vale que tengas todo al día, sino voy a tener que prescindir de tus servicios…
X: (piensa)…”prescindir” ¿Te leíste un diccionario, burro hachedepé?

Si él (el obrero) se relaciona con su actividad como una actividad no libre, se está relacionando con ella como con la actividad al servicio de otro, bajo las órdenes, la compulsión y el yugo de otro.

Día 2:
X ha dormido pésimo. Sumado a los restos injustificados de su jefe (quien sabía que él se iba de vacaciones desde hacía un mes atrás, sin contar la cartelera con las fechas al lado de su escritorio), le han puesto un aviso para buscarle reemplazante…

La desvalorización del mundo humano crece en razón directa de la valorización del mundo de las cosas. El trabajo no sólo produce mercancías; se produce a sí mismo y al trabajador como mercancía.

Día 3:
Gritos del jefe de X. No le han pagado por el retraso de su trabajo. Lo vapulea por elevación, mientras habla con su superior inmediato, justo al lado de él (cabe aclarar que durante las vacaciones de su superior, X lo reemplazó, retrasando sus propias tareas. El otro lo retribuyó de manera justa: ni lo defiendió, ni completó aunque sea una parte de las tareas de X).

El que avisa no es traidor…¡Traición, canario!

Día 4:
Todos se ausentan de la oficina y X se clava hasta las siete y media de la tarde. Ante un problema ajeno a él, X es retado – vía telefónica- por su jefe, ya que él es único imbécil que tiene el celular prendido. Luego de hora y media de gritos y carajeadas, X se descarga a patadas con una silla vieja…

Hombre sabio es aquel que cuando no logra hacer justicia, rompe todo hasta sacarse la leche (Confucio)

Día 5:
El jefe habla con X y le pide por favor que ponga todo al día. Le dice que él es único que puede lograrlo…X se compromete en sacar el laburo adelante, inclusive trabajar el fin de semana.

Neo: Ahí vienen los agentes, Morfeo…
Morfeo: Debes pelear con ellos, eres el elegido.
Neo: Pero…no me pusieron los programas de ninjitsu y todo eso, grone.
Morfeo: Ehhh…Adiós…¡Baboso!

Fin De Semana Salvaje:
X trabaja todo el fin de semana. El último día (domingo) llueve y se empapa por la mañana. Por la tarde no, pero un bondi le tira agua de un charco, siendo el único salame mojado de la parada…

El trabajador no se afirma, sino que se niega; no se siente feliz, sino desgraciado; no desarrolla una libre energía física y espiritual, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por eso el trabajador sólo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí…

Moraleja: El que no pin, se deja

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La esclavitud no se abolió.
Se redujo a ocho horas por día (como mínimo)
Karl Marx, tomando mates en Luis Guillón, 1916


¿Cuándo dejamos de ser personas? A mi juicio, cuando perdemos la dignidad. Esto viene a cuento de las relaciones laborales. Cientos de responsabilidades se reparten en los trabajos, pero sólo unos pocos se hacen cargo de ellas. Al igual que en otros órdenes de la vida, los cretinos que no hacen nada, no son los que abundan, pero son los que a la larga pesan.
¿Y que queda para el que se la pasa laburando? Antes que la lástima hacia estos especímenes, cabe la crítica, sagaz y mordaz: los otros se rascan, de alguna manera, gracias a estos pelandrunes.
No me malinterpreten, yo pertenezco a esa fauna. Más de una vez me he consagrado a tareas titánicas, para no obtener ningún reconocimiento (un gracias hubiera bastado) mientras mis compañeros la pasaban bien.
Pero esta patología se agrava cuando el eterno laburante se convence de que el trabajo es la razón de su existencia, hasta puntos increíbles de pasar horas extras allí (sin ninguna remuneración, no hay muchos lugares que paguen extras ¿Escuchó, señor presidente?).
Creemos que si nos vamos antes perjudicaremos a nuestro patrón, que la empresa espera todo de nosotros, que nos van juzgar como malos empleados por parar a comer, no nos levantamos ni para ir al baño; mientras otro compañero juega a los jueguitos con el celular, otro mira porno por la web. Si llegás a revisar tu mail, te autoflagelás en el medio de la oficina y delante de tu jefe. Si llegas cinco minutos tarde, un harakiri para lavar el honor sagrado de tu asistencia perfecta. Si la PC no anda, usala así, porque no se te puede ocurrir trabajar dignamente, ¡aguantá callado!
Por suerte, estoy en vías de recuperación. Y como todo enfermo que experimenta mejoría, no puede sino condolerme de aquellos incapaces de relajarse un poco. No digo que hagan como los otros indolentes haraganes; simplemente, no se lo tomen tan a pecho.
El día que te rajan…nadie te pregunta cuanto trabajaste.

Hoy te ví en TV. Sí, a vos, pedazo de desgraciado. Sé que no sos el único que estuvo ahí. Sé muy bien que te ayudaron otros de tu misma calaña, y otros que se decían no eran de tu clase.
Siempre estuviste seguro de que te ibas a escapar. No importa cuanto pasara. Te ibas a escapar de tus víctimas, de los jueces, de todos, hasta de Dios.
Siempre pensaste, maldito asesino, que te saldrías con la tuya. Que estaba bien lo que hiciste, porque los tipos de tu catadura jamás se arrepienten pues, ni conciencia tienen. ¿Hace cuanto perdiste tu humanidad, si acaso alguna vez la tuviste?
Tus cómplices estarán felices, pues también creen poder zafar…si vos pudiste ¿Por qué no ellos?
Algunos jóvenes ni se enteran que fue lo que hiciste, ni cuando te robaste el poder…otros nos acordamos todos los días, para que no vuelva a pasar.
A mí no me secuestraron a mis padres, ni me mataron a nadie, como a tantos otros. Pero me importa y tengo conciencia de ello, sé que asesinos y forros como vos destruyeron mi país (y aún lo intentan) diciendose salvadores…sólo son verdaderos traidores.
Estoy aquí, como tu némesis, pedazo de basura. Tuviste los beneficios de una justicia que vos quebraste, tirando al tacho la ley, los derechos de las personas…derechos que esa ley te dió a vos…
¡Y pensar que hay tantos insensatos que creen que con vos y tu banda de cretinos estábamos mejor!
Ni tu vejez te va a salvar de pagar…pues…
¡La muerte lo está cercando a usted, almirante Zero!

PD: Estoy caliente, pero sé que le tendrían que haber tocado tantos años como a este otro cretino.
PD2: Quisiera reírme como acá…pero no me sale.

Ayer llegué a una sola y contundente conclusión: Dios bendiga al inventor de los peloteros.
¿Como es que no había estas cosas cuando éramos niños? Un cuadrado acolchado, con pelotitas multicolores, una red para que no se escapen las esfericas antes mencionadas…y listo, la felicidad en todo su esplendor. Los niños la pasan fenomenal, los adultos en la suya…
Ah, salvo que seas tú, mujer argentina, una idishe mame insoportable, desconfiada, que pienses que el fuckin clon de Bart Simpson que tienes por hijo corre peligro…le digas cada tres minutos (cronometrados, palabra): Fulaniiitooo! no te acreques al otro nene, no ves que es malo!! (mientras el niño mencionado es golpeado por el hijo de esta señora).
Moraleja: Dejen a los pibes solos, ellos se entienden y resuelven sus problemas mejor que los adultos. Y estos para vos, chiquillo que juegas en peloteros: a veces a los padres, les viene bien un buen chirlo.
Firma: Un papá en aprendizaje (porque no nací sabiendo, vieron?)

La miro entera, sin enteder. De niño solía maravillarme y disfrutar con cada vuelta. Y aunque no es la misma de mi infancia, esta tal vez se parezca, igual que todas. La calesita del barrio, de la plaza vieja y sin mejorar, en la que estoy ahora, es una antigüedad. Tal vez al dueño no le importa esta reliquia. Sólo es su fuente de ingresos. Por eso será, supongo, que hay herrumbre en todos sus remaches, sus cochecitos están a medio pintar, se descascaran los dibujos sin gracia de viejos ídolos infantiles, hay falta de luces, hay un color deslucido en su apariencia…es sólo una vieja calesita, nada más.
Y sin embargo, ahí están todos los pibes, jugando. Les parece, aún, algo divertido. No importa nada más. Aunque no haya más luz y la “cale” se quede inmóvil, para los chicos seguirá siendo un motivo más para jugar. Para que el día no termine. Para rezongarle a los papás y las mamás que “una vuelta más, má” es posible. La tristeza de volver a la vida normal. De que la parte mágica de un día lleno de juegos se quede ahí, dormida en la plaza…
Creo que la calesita de mi niñez era igual a esta, vieja y herrumbrada. Pero que importa. En algún rincón viejo y alegre de mi memoria sigue siendo el lugar más bello donde pasar la tarde. Con mis hermanos. Com mis papás. Con otros chicos. Siendo eso…sólo un chico.

(Sonido de radio sintonizandose – MMMDDFGRTZZZ – Se escucha la voz de Majul)

Hoy en nuestro país ha pasado algo…terrible. Mi blog, un espacio de opinión como el que podés tener vos, ha sido hackeado. Según mis informantes, un grupo desconocido, que intentan desestabilizar este sistema democrático, está operando en la clandestinidad…buscando destruir las opiniones de nuestra gente. Yo, un ciudadano como cualquiera te digo: tené miedo, tené mucho miedo. Y quisiera saber que está haciendo el señor presidente, si está tomando medidas en el asunto. Pero yo te digo de nuevo: tené miedo, tené mucho miedo.

(Vuelve a escucharse el sonido del dial corriendose de frecuencia. Se escucha la música de Crónica TV. Empieza a hablar el locutor de Radio Colonia)

¡Informa Radio Coloniaaaa!!! Buenos Aires. Un grupo terrorista a puesto en jaque todo el sistema informático del país. “Blogeros al poder”, tal el nombre de dicha agrupación ya han tomado el site del periodista Luis Majul. La consigna de los hackers es “Dejá de escribir Luisito. Ponete a laburar. Ladri”. En estos momentos una manifestación multitudinaria de más de dos personas están dirigiendose a Plaza de Mayo, para pronunciarse a favor del reportero agredido. Hay más informaciones para este boletín!!!!

(Se apaga bruscamente la radio. Se oyen risas)

Habia una vez un circo
Que alegraba siempre el corazón…

Había una vez un joven payaso, que todas las noches hacía reír a todo su público con sus monerías y chistes. Todos se preguntaban por el secreto don que le permitía siempre tener ideas frescas y divertidas. En realidad, no había ningún secreto. El payaso vivía muy feliz y contento con su vida y a diferencia de otros como él, su máscara no escondía ninguna tristeza.
Todas las noches, al terminar la última función, él se iba a su carromato a escribir todas las ideas para el día siguiente. Era su pasión repartir su alegría, sus creaciones, su risa. Tenía muchos seguidores. El futuro era próspero y promisorio.
Pero –siempre hay un pero- el tiempo fue pasando… El payaso fue perdiendo su chispa. Él era consciente de ello, más que nadie. Sus actos ya no eran tan divertidos. Como todo artista, lo veía en la reacción del público. De hecho, las cosas se le empezaron a ir de las manos. Cada nueva función era un fiasco mayor.
Su humor se había empezado a teñir de un amargo sarcasmo. Sus chistes eran de una virulencia que lastimaba. La gente empezó a rechazarlo. Él se volvió un ogro, un verdadero ogro. Si veía desaprobación para con alguna parte de su acto, se ponía a discutir y a gritarle a los espectadores.
El viejo dueño, que lo conocía desde que era un niño, le llamó la atención. Le preguntó cuál era su problema. No recibió respuesta alguna. El payaso se fue dando un portazo. Cuando estuvo solo se dio cuenta que el problema no estaba en que los demás no lo entendieran. Él era incapaz de entenderse.
Esa noche se fue del circo.
En esos años, conoció a una mujer y tuvieron un hijo. El pequeño era vivaz y travieso. Pero nuestro payaso, aunque al principio era feliz, se dejó aplastar por la rutina y volvió a ser un gruñón, quejoso y malhumorado.
Un día, mientras miraba unas fotos viejas, se dio cuenta lo mucho que extrañaba el circo. Decidió volver. Pero era difícil. No encontraba la inspiración para ello. Entonces, se puso a buscar su maquillaje y su disfraz. Los buscó por toda la casa y no podía encontrarlos. Hasta que unos ruidos lo guiaron hasta la habitación de su hijo. Lo encontró vestido con su traje y pintado como un pequeño payaso.
Miles de cosas le vinieron a su mente. Quiso enojarse. Enseguida se acordó de cuando él era un niño. Las fotos viejas de sus cumpleaños. De sus visitas al zoo. De su infancia. En todas reía. Ahí estaba la inspiración que buscaba. En la inocencia, en el juego. En recordar las cosas buenas del pasado y a la vez poder dejarlas atrás para buscar algo nuevo. Eso era lo que lo hacía ser tan creativo, a pesar de lo difícil que era tener ideas nuevas. Ahí, en el medio de la habitación estaba su inspiración. Su hijo. Su amor, que le había dado a ese pequeño. Su nueva familia.
Sonrío. No se enojó. Sabía que nada volvería a ser como antes, pero no por ello lo nuevo debería ser malo. Sólo diferente. Volvió a sonreír. Se dio cuenta que estaba llorando. Miró nuevamente a su hijo.
-Payasito- dijo.
Y lo abrazó.